Ciudad de México

El poder de la ficción

Una de las herramientas pedagógicas fundamentales que ACTO utiliza en todas de sus intervenciones es el teatro. Sin embargo, es posible desprender varias preguntas de la afirmación anterior: ¿por qué el teatro es una herramienta pedagógica? ¿El teatro puede tener objetivos distintos a la expresión artística? ¿Cuál sería la relación entre el teatro y la educación?

Nuestro objetivo como organización, y de forma congruente con nuestra filosofía, de ninguna manera es establecer ciertos “objetivos” o “finalidades” para toda obra de teatro. Tampoco pretendemos definir ciertos géneros teatrales con base en su potencial pedagógico. Para ACTO, el valor del teatro como herramienta pedagógica va más allá de géneros dramáticos y, más bien, reside en el fundamento de cualquier puesta en escena: la ficción.

Es importante ser claros con nuestros lectores: ACTO no utiliza el teatro y la ficción para formar actores. A simple vista puede sonar paradójico, pero uno de los principales objetivos que ACTO persigue mediante el uso de la ficción es que todas las personas pueden actuar aunque no sean actrices o actores. Es más, todas las personas actúan todos los días; usan distintos personajes para desenvolverse en su cotidianidad. Pregúntese usted, lectora o lector: ¿se comporta de la misma manera con sus familiares que con sus amigos? ¿Con sus amigos que con jefas o jefes en el trabajo? ¿Con sus jefas o jefes que con cualquier persona que se encuentre por la calle?

Tal vez haya alguna persona muy segura de su personalidad que conteste que sí a todas las preguntas anteriores. La mayoría de nosotras, afortunadamente, contestaríamos que no. Si decimos que esto es afortunado, es porque la capacidad de darnos cuenta que no siempre actuamos de la misma manera con toda las personas es un indicador de que somos autoconscientes de ello y, por lo tanto, que somos honestas en relación a nuestras relaciones humanas. No nos comportamos igual con todas las personas porque perseguimos fines e intereses distintos en cada una de nuestras interacciones. Para conseguir estos fines y materializar nuestros intereses, actuamos de determinada manera, seamos conscientes de ello o no. Es por esa razón que en ACTO, más que enseñar a actuar, desarrollamos habilidades que nos permiten plenamente identificar cuándo estamos actuando o, incluso, en qué casos debemos actuar de una forma distinta a como generalmente nos comportamos.

Ser conscientes de cómo nos comportamos también nos permite entender las razones por las cuales las personas actúan de determinada manera. En este sentido, el teatro y la ficción nos permite no sólo una comprensión racional respecto al comportamiento de las personas y las emociones o razones detrás de éste; mediante el teatro, también podemos aprender una forma de comprensión corporal. De forma más específica, el teatro y la ficción nos permite experimentar en nuestro propio cuerpo las razones o las emociones que pueden motivar a las personas o actuar de cierta forma. En pocas palabras, la ficción puede ser un método idóneo para el desarrollo y práctica de la empatía.

Por esta razón, en ACTO utilizamos el teatro y la ficción como un medio a través del cual las personas pueden vivir experiencias ajenas. En un ambiente horizontal y controlado (es decir, en el que las participantes establezcan y sigan sus propias reglas) la ficción permite imaginar y experimentar soluciones a diversos conflictos que aquejen a sus comunidades. Por ejemplo, en la ficción, un grupo de personas puede imaginar cómo sería vivir una vida libre de violencia y, después de ese ejercicio de imaginación, actuar o representar las distintas soluciones que se les han ocurrido para poder materializar esa forma de vida.

La ficción nos permite examinar de cerca, sin el riesgo a ser lastimadas, las relaciones de poder que atraviesan nuestra vida cotidiana. Al mismo tiempo, nos permite imaginar, y experimentar con el propio cuerpo y las propias emociones, formas de reconfigurar dichas relaciones de poder con el fin de que éstas no sean injustas u opresivas.

Ahora bien, el teatro como mera experiencia estética no siempre está dirigido a la obtención de estos resultados. Para lograr este objetivo, es necesario experimentar la ficción con base en una metodología pedagógica específica que permita a las participantes de la intervención pedagógica sentirse seguras. Sin una metodología pedagógica, los límites entre la ficción y la realidad pueden volverse borrosos y, de esa manera, la experiencia de la ficción sin reglas o parámetros compartidos puede convertirse en una experiencia perjudicial o dañina. El teatro no debe convertirse en un espacio en el que las licencias creativas den lugar a replicar conductas opresivas. Al contrario, el teatro y la ficción son los espacios perfectos para experimentar, aunque sea por un instante, cómo sería una vida libre de opresión.

En la próxima entrada, abordaremos cómo la metodología pedagógica de ACTO está encaminada a que el teatro y la ficción se vuelvan un laboratorio en el cual se puedan discutir y experimentar propuestas dirigidas a la transformación de nuestra realidad.

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