Ciudad de México

¿Por qué buscar ejercer una democracia deliberativa?

José Luis Martí en su libro La república deliberativa. Una teoría de la democracia, propone la siguiente definición:

“La democracia deliberativa es un modelo político normativo cuya propuesta básica es que las decisiones políticas sean tomadas mediante un procedimiento de deliberación democrática. Por lo tanto consiste, por encima de todo, en un modelo de toma de decisiones. El modelo es normativo porque no aspira a describir cómo es la realidad, cómo efectivamente se toman las decisiones políticas en nuestras democracias avanzadas, sino a mostrar cómo debería ser dicha realidad. Así que el procedimiento deliberativo actúa como proceso de justificación o legitimación de las decisiones políticas. En otras palabras, la utilización de un procedimiento deliberativo es una condición -al menos idealmente- necesaria (aunque para muchos todavía no suficiente) de la legitimidad de las decisiones políticas.” (Martí, 22)

¿Qué implica el elemento deliberativo que altera, o condiciona, a la práctica democrática? Martí, en su mismo texto, expresa que es perfectamente posible la existencia de una democracia sin deliberación y una deliberación sin democracia. Vale decir, se trata de conceptos lógicamente independientes (23). Dicho autor propone que aquello que busca el modelo de la democracia deliberativa es “la combinación de ambos elementos en un mismo ideal de procedimientos de toma de decisiones.” (23) Conforme al elemento democrático, se vuelve indispensable la participación de los ciudadanos, ya sea de manera directa o a través de sus representantes. La caracterización de este elemento no difiere sustancialmente de lo propuesto por Bobbio. Es en el segundo elemento, el elemento deliberativo, donde hayamos el rasgo distintivo de este modelo que se refiere a la presencia, además de los ciudadanos o sus representantes, de razones y argumentos.

A su vez, para asegurar la presencia de razones y argumentos, es necesaria una pre-condición fundamental: la existencia de un diálogo horizontal e inclusivo. Sobre esto, Martí considera que la democracia deliberativa “tiene una forma dialógica o discursiva, esto es consistente en un acto (o proceso) de comunicación colectiva y reflexiva en el que se intercambian razones que cuentan como argumentos en favor o en contra de una determinada propuesta o un conjunto de ellas con la finalidad de convencer racionalmente a los demás […]” (Martí, 24).

En síntesis, el modelo democrático deliberativo es una forma de toma de decisiones colectivas mediante un diálogo horizontal que promueva la comunicación colectiva y reflexiva así como la inclusión y participación de los ciudadanos, ya sea de manera directa o mediante sus representantes, para exponer razones y argumentos en favor o en contra de una determinada línea de acción. Todas aquellas decisiones que se tomen sin cumplir estas condiciones carecerán de legitimidad dentro de la comunidad o cuerpo social.

¿Por qué para ACTO es importante la democracia deliberativa? Consideramos dos grupos de razones, políticas y pedagógicas, que se relacionan íntimamente entre sí.

  1. Razones políticas en favor de la democracia deliberativa

Respecto a las razones políticas, consideramos que la realidad social mexicana, que es una realidad plural, nos exige concebir a la democracia ya no como el simple gobierno de la mayoría ni tampoco en su exclusiva modalidad de democracia electoral. ¿Qué tipo de democracia se necesita para que todas las voces que integran dicha pluralidad sean escuchadas y tomadas en cuenta? Primero que nada, es imperativo ejercer la práctica democrática desde el ámbito local en sentido ascendente. Esto contribuiría a la legitimidad del proceso democrático, pues las decisiones que se toman respecto a problemáticas locales serían visibles y tendrían un resultado directo e inmediato.

La deliberación tiene un obstáculo infranqueable: debe haber un límite de los participantes si se busca una discusión robusta y un diálogo rico en ideas. Las juntas vecinales o de condóminos, las asambleas de barrios, las juntas ejidales, los concejos de ancianos, entre otros tipos de espacios, podrían encontrar en la democracia deliberativa una forma de organización efectiva y legítima para resolver conflictos colectivos. Así, recurrir a la autoridad, sería un último recurso o, en dado caso, la colectividad se presentaría ante ella con demandas concretas que puedan ser exigibles.

El ejercicio deliberativo tiene como fundamento para su efectividad la inclusión de diferentes perspectivas y argumentos para que, al final, se llegue a un consenso por medio del voto. El ejercicio del voto se enriquece pero, sobre todo, gana un carácter plural. Así es como se puede confeccionar un tejido político capaz de articular demandas concretas. Si existe una sólida democracia deliberativa en lo local, que permita a una pluralidad de actores llegar a consensos para resolver conflictos colectivos, los funcionarios públicos, a cualquier nivel, tendrán que plantear propuestas políticas que vayan de acuerdo al carácter pluralista que los electores están demandando.

Es poco probable que los funcionarios públicos de alto nivel decidan dar un giro a la democracia deliberativa. Aunque se supone que un Congreso debe de tomar decisiones respecto a la legislación de manera deliberada y, a pesar de los múltiples órganos colegiados que toman decisiones en el gobierno, la democracia deliberativa es el polo opuesto a los ejercicios autoritarios que han logrado prevalecer en la incipiente democracia mexicana. Por otro lado, no podemos negar que ciertas decisiones en los más altos niveles del gobierno deben tomarse con celeridad. Aún así, dentro de todo el entramado de decisiones públicas que existen hoy en día, hay decisiones fundamentales que deben de ser discutidas ya no sólo entre funcionarios públicos, sino entre las instituciones políticas y la ciudadanía.  La práctica constante de la democracia deliberativa en el ámbito local podría preparar el terreno para cuando llegue ese momento. Sobre todo, formará ciudadanos que puedan identificar esas decisiones fundamentales y así demandar su participación. 

En una sociedad plural, la mera representatividad no es suficiente. Sin embargo, la legitimidad de una representante pública podría verse nutrida cuando surge de un proceso de deliberación, representa una pluralidad de voces y llega a la función pública con un mandato claro. Ante una sociedad plural, un panorama político desgastado que sólo incluye a una minoría de voces y establece unas reglas del juego que dan la impresión de ir en contra de lo que consideraríamos “democrático”, nuestra apuesta es por la democracia deliberativa como una forma de inclusión y toma de decisiones. Tal vez, al principio, como desobediencia. Después, como una institución pública.

  1. Razones pedagógicas a favor de la democracia deliberativa

En cuanto a las razones pedagógicas, es preciso remitirnos, aunque sea brevemente, a los principios metodológicos que ACTO suscribe. Toda acción pedagógica llevada a cabo por A.C.T.O tiene como uno de sus presupuestos fundamentales la idea de que la verdad es un discurso construido. Este discurso es aceptado por determinados receptores mediante mecanismos de legitimación. Si nos adherimos a esta noción de verdad, entonces también es posible presuponer que dicha verdad es modificable en tanto se modifique el discurso.

La democracia deliberativa representa una ruptura de la dinámica social que tiene como consecuencia la imposición vertical de determinadas nociones, creencias y conductas a través de un discurso específico que las legitima como verdaderas, pues permite la elaboración horizontal de un discurso legitimador distinto al conformar un entramado de intersubjetividades que tendrá como resultado la posibilidad de utilizar ideas, palabras y conceptos distintos para dotar de un nuevo significado y sentido a nuestra realidad. Es así que la deliberación democrática tiene como uno de sus fines la transformación de la realidad simplemente al llegar a un acuerdo sobre lo que ésta significa o ha dejado de significar. En pocas palabras, el diálogo democrático y deliberativo permite llegar a acuerdos para cambiar, de una manera consensuada, aspectos de nuestra cotidianeidad que siempre hemos dados por sentados. Es a través de un diálogo democrático y deliberativo que es posible transformar nociones sobre lo que significa ser mujer, hombre, adulto, trabajador. Lo que implica el éxito, la felicidad o la opresión. Para ACTO la democracia deliberativa no es sólo un procedimiento específico para la toma de decisiones colectivas. Es una herramienta pedagógica fundamental.

Por otro lado, el ámbito de la democracia deliberativa es el espacio necesario para que ACTO lleve a cabo el objetivo de desarrollar y poner en práctica las habilidades para la vida. Una de las condiciones para que pueda llevarse a cabo un diálogo democrático y deliberativo es que cada uno de los individuos que formen parte de él cuenten con una serie de habilidades tales como la capacidad de diálogo, la escucha activa, la empatía y el pensamiento crítico que le permita a los individuos participar en los procesos de toma de decisiones. Sin embargo, ningún proceso deliberativo, horizontal y comunitario es exitoso si los miembros de dicha comunidad no participan en el proceso de toma de decisiones.

Por lo tanto, para hablar de la construcción de entornos democrático-deliberativos es imprescindible abordar el tema de la participación ciudadana, que abordaremos en otra entrada de nuestro blog.

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