Ciudad de México

¿Qué es la participación ciudadana para ACTO?

Como parte del desarrollo democrático de México, en sus diferentes grados y vertientes, el término participación ciudadana es frecuentemente utilizado ya sea por parte del gobierno en la elaboración de programas y políticas públicas o como parte de un léxico cotidiano por las organizaciones de la sociedad civil.

¿Qué entendemos por participación ciudadana? Para responder esa pregunta, es necesario analizar los dos componentes del término. Comencemos por el segundo. ¿Qué significa ser ciudadana o ciudadano?

En el prefacio del libro The Age Of Direct Citizen Participation (La Era de Participación Ciudadana Directa), Nancy Roberts, editora del mismo, discute dos perspectivas de ciudadanía que han sido comúnmente abordadas por la literatura especializada. Roberts explica que hay dos grandes perspectivas del término ciudadanía: una legal y otra que denomina sustantiva (Roberts, p.6, 2008). La perspectiva legal se refiere a un estatus jurídico conferido a una determinada población. Dicho estatus jurídico cumple, sobre todo, una función procedimental: determinar quiénes pueden participar en los procesos democráticos. Desde esta perspectiva, el término ciudadanía sólo cumple la función de categorizar a una mayoría que se encuentra legitimada jurídicamente para formar parte en ciertos procesos de toma de decisiones, en particular, el proceso de elección de representantes.

Por otro lado, la perspectiva sustantiva, en palabras de Roberts:

“requiere virtudes y propósitos morales tanto individuales como colectivos. Su espectro es mucho más amplio que la definición legal; se extiende no solamente a los arreglos gubernamentales sino que incluye organizaciones voluntarias e involucramiento de la comunidad. Su preocupación es construir y sustentar a la comunidad- política, económica y social- y el desarrollo de los valores, normas y tradiciones comunitarias. Sus requerimientos son un sentido de responsabilidad y devoción cívica al propio estado de bienestar y una dedicación al mejoramiento humano y ambiental alrededor del mundo” (Roberts, p.6, 2008). 

Con esto en mente, podemos decir que es posible una conceptualización más profunda del término ciudadanía en comparación con la que ofrecen algunos ordenamientos jurídicos. Si revisamos la historia de los movimientos sociales en las democracias es posible ver que gran parte de estas luchas han tenido como fin transformar definiciones legales de ciudadanía discriminatorias o, incluso, antidemocráticas pero que en su momento fueron consideradas legítimas.

En otras palabras, el concepto ciudadanía puede referirse a una postura político-moral frente a la realidad social que va más allá del estatus jurídico conferido por la constitución o las leyes.  El aspecto sustantivo del concepto ciudadanía tiene la capacidad inherente de transformar y servir de insumo para formular definiciones legales que tengan como fin la equidad, la protección de los derechos  y el reparto equitativo de las obligaciones.

Una definición legal de ciudadanía que esté basada en la perspectiva sustantiva inscribe en el marco jurídico una forma específica de relación entre el gobierno y los ciudadanos. El ciudadano ya no sólo es tal para elegir representantes, es ciudadano para poder influir y transformar la vida pública de su comunidad de acuerdo a sus capacidades, intereses, demandas y preocupaciones. Una frase del filósofo, pedagogo y director de teatro Augusto Boal logra sintetizar nuestras ideas y preocupaciones: “Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡Es aquel que la transforma!”

Para ACTO el término ciudadanía implica una postura político-moral frente a la sociedad; es un compromiso asumido de manera voluntaria que tiene como fin la transformación de nuestro entorno inmediato de manera individual y colectiva; persigue la construcción de un entorno social en el cual existan las condiciones para que los miembros de una comunidad puedan realizar sus proyectos de vida. Una definición de participación ciudadana acorde con la filosofía y principios de ACTO no puede prescindir de esta perspectiva del término ciudadanía.

Regresemos al primer término del concepto participación ciudadana ¿Qué entendemos en ACTO por participar?

Siguiendo el texto de Roberts, éste remite al lector al artículo seminal de Sherry R. Arnstein “A Ladder Of Citizen Participation.Roberts menciona que la definición del término participación de Arnstein es ilustrativa en cuanto incorpora “intereses sustantivos de la comunidad política tales como raza, clase social y género” para delinear una noción de participación que se refiera al “involucramiento activo en asuntos sustanciales del gobierno y la comunidad” (Roberts, p.7, 2008).

Arnstein define a la participación como “un término categórico para referirse al poder ciudadano” (Arnstein, 1969). Es decir:

“la redistribución del poder que permite a los ciudadanos sin poder (the have-not citizens), excluidos en el presente de los procesos económicos y políticos, ser deliberadamente incluidos en el futuro. Es la estrategia por la cual los ciudadanos sin poder se integran para determinar cómo se comparte la información, cómo se asignan los recursos para determinadas políticas y metas, cómo se operan ciertos programas así como la distribución de beneficios derivados de contratos o patronazgos. En pocas palabras, son los medios por los que se puede inducir una reforma social significativa que les permita compartir los beneficios de una sociedad próspera” (Arnstein, 1969).

Claramente la definición de participación de Arnstein no es la única. Sin embargo, hemos decidido utilizarla pues creemos que logra incorporar la noción sustantiva de ciudadanía al reconocer en la participación un poder transformador de la realidad. Participación, por lo tanto, va más allá de los derechos concedidos por la ley que autorizan a las ciudadanas tomar ciertas decisiones. Implica una estrategia de transformación de la realidad y, por tanto, de la distribución del poder mediante la acción colectiva de individuos comprometidos con el mejoramiento de su comunidad. 

¿Qué es entonces la participación ciudadana? La definición de participación ciudadana que propone David Calderón en su texto “Dejarnos inquietar: la participación de niñas, niños y adolescentes” conjuga la definición amplia de las dos palabras que componen el término:

“[…] un derecho y un principio transversal, un dinamismo que permite alcanzar nuevos bienes, ejercer otros derechos, articular una vida digna. Participamos porque formamos parte, porque en cada uno alienta una voluntad de relacionarnos y formar un nosotros mayor a la suma de individualidades. Teniendo un entramado tan profundo con la identidad personal y colectiva, es anterior a todo esquema legal y formal: es un derecho humano” (Calderón, 2009).   

Calderón aboga por una definición de participación ciudadana que sea amplia, profunda y precisa. Respecto a esto, refiere que la participación es amplia “cuando se reconoce la cotidianidad y localidad como puntos de partidas […]”; es profunda cuando “se le ve en su anclaje antropológico y ético, en su condición constitutiva para la ciudadanía […] y, finalmente, el aspecto que consideramos más importante, es precisa cuando “se reconoce que lleva a la acción de la transformación social, que tiene valencia política” (Calderón, 2009).

Por todo lo anterior, en ACTO consideramos que hay dos características fundamentales de la participación ciudadana: en primer lugar, debe de ser una participación que tenga como fin y posibilidad la transformación de la realidad social actual mediante el involucramiento de individuos comprometidos con su entorno; en segundo lugar, como  causa y consecuencia del punto anterior, la participación ciudadana debe, en términos de Arnstein, de provocar una redistribución del poder tanto en la relación ciudadano-estado como en la relación entre agentes sociales plurales.

En pocas palabras, cuando en ACTO hablamos de participación ciudadana, nos referimos a una estrategia específica, tanto individual como colectiva, que tiene como fin la transformación del entorno político, económico y social mediante la redistribución del poder. No está de más enfatizar que parte de la especificidad de dicha estrategia reside en que es un proceso pacífico. Para ACTO, uno de los aspectos más importantes de la participación ciudadana es que se trata de un medio para la resolución de conflictos de forma no violenta.

 

(FALTAN CITAS)

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